Pasado el revuelo por la se adjudicación de las licencias de Televisión Digital Terrestre en Canarias voy a tratar de no quedarme en el hecho de que se haya podido favorecer o perjudicar a determinados grupos de comunicación del Archipiélago que es lo único que parece preocuparele a todo el mundo. Por supuesto que se trata de un concurso importante y con cierta trascendencia. Pero parece que nadie se da cuenta de que las licencias TDT, sin exagerar hasta el punto de decir que nacen muertas, sí que son el último vestigio de las emisiones televisivas reguladas por las autoridades y tiendo a pensar que para el momento en que el uso de la TDT esté plenamente extendido, habrá mucha gente que haya descubierto, aunque sea de forma intuitiva, ese concepto de convergencia entre televisión, informática y telecomunicaciones con el que tanto nos sermoneaban en la Facultad y que al final se ha presentado de formas muy variadas: desde la revolución Youtube a las plataformas IP; desde el pendrive pinchado a una tele a los ordenadores de salón; televisores que se conectan a tu router, videograbadores personales, televisión a la carta, autopublicación y distribución de contenidos audiovisuales… Da igual que descarguemos y compartamos series que jamás hubiésemos descubierto o que nos abonemos al más exclusivo de los canales o plataformas digitales: los concursos para adjudicación de licencias TDT parecen de otro tiempo. Hoy, menos que nunca, no tiene sentido que basándose en teóricas restricciones del espacio radioeléctrico o en la viabilidad económica de los proyectos se limite quién puede o no comunicar.



La pena es que no haya canales temáticos de cocina, por lo menos aquí en madrid, con lo que me gustan a mí, y sí tener que tragar con cosas como libertad digital tv, neo o veo tv, que no están ni preparadas para emitir…