A la escasa eficiencia de la Administración española que, con toda la modernidad de su DNI electrónico, nos sigue obligando a portar al menos otros dos documentos (tarjeta sanitaria y carné de conducir) hay que sumar la aguda propensión de todo tipo de cadenas, franquicias, establecimientos de lo más variado y líneas aéreas por atiborrarnos con tarjetas de fidelización de todo tipo. Mi cartera se deforma y no es por los billetes. Intento recortar al máximo el número de tarjetas de débito y crédito, pero aún así no he logrado tener menos de 4.
Millas, puntos, Turys… nunca he sido un fanático del ahorro mediante estos programas; sólo he logrado sacarle algo de provecho a los que ofrecen las líneas aéreas. Pero una cosa está clara: la forma en que cliente y empresa se relacionan (o conversan, como le gusta decir a Neus Arqués) en estos días es distinta; la tecnología hace totalmente innecesario que el cliente porte documentación alguna para beneficiarse de las supuestas ventajas que nos otorga el estátus de consumidor habitual… y no me refiero a ninguna clase de drogodependencia.
- Si queréis fidelizarme no me tratéis como si fuera imbécil.
- Si queréis que vuelva a vuestra gasolinera no me hagáis cargar todo el día con una tarjeta de plástico cutre. Podéis preguntarme mi númeo de DNI, sugerirme que elija un nombre de usuario o que os dé mi correo electrónico. Cualquier identificador único bastará para que añadáis los puntos a mi cuenta.
- Si queréis que vuele siempre con vosotros no me castiguéis haciéndome enviar una tarjeta de embarque arrugada a un Centro de Relación con el Cliente para contabilizar una cantidad ridícula de puntos porque en el momento de facturación no llevaba vuestra tarjeta de ventajas conmigo.
- No aspiréis todos a que vuestra tarjeta de fidelización se convierta en medio de pago. Esto ha funcionado para unos pocos, pero por favor, pensadlo bien y meditad sobre si vuestra cadena de tiendas que lucha para sobrevivir entre las grandes superficies de verdad necesita como prioridad tener un medio de pago supuestamente propio operado por un banco que cobra intereses superiores al 20% anuales. Por una ridícula comisión ofrecéis una financiación penosa a los clientes.
- Hace ya tiempo que cerró Blockbuster en España y más tiempo aún hace que no alquilo películas pero… en los Blockbuster más cercanos a mi casa te daban un cartoncillo tamaño XXL que te sellaban con cada alquiler hasta que el décimo era gratis. Jamás conseguí ese descuento porque siempre olvidaba el dichoso cartoncillo en casa. ¡Era gigante! Pero… ¡si tenían todos mis datos en un sofisticado sistema informático! ¿tanto les costaba asignarme los alquileres gratuitos? La peluquería a la que voy hace algo parecido. Tampoco he conseguido cortarme el pelo gratis.
- Ofertad premios o regalos proporcionados. No créeis falsas expectativas: si después de utilizar vuestro servicio durante años consigo que los puntos que están próximos a caducar me alcancen para alquilar un coche durante un fin de semana, no seáis ridículos y me hagáis pagar el seguro a un precio superior al que me costaría alquilar el coche completo -seguro incluído- en cualquier operador lowcost.
- Sed claros, transparentes. Hacedlo fácil.
Como ejemplo de quién hace bien las cosas tengo que señalar a Vueling y su programa Punto. Alta fácil a través de su web y con tan sólo indicar el correo en el proceso de compra de billetes, vas acumulando puntos; si te olvidas tienes 90 días para hacerlo. Sin tarjetas, sin números de abonano, sin complicaciones.



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